Territorio, conocimiento y conflicto. Perspectivas sobre la relación naturaleza-sociedad en la Región Andina.

 

Beatriz Bustos, Manuel Prieto y Jonathan Barton (2017). Ecología política en Chile. Naturaleza, propiedad, conocimiento y poder. Santiago de Chile: Universitaria, pp. 292.

Fabiana Li (2017). Desenterrando el conflicto. Empresas mineras, activistas y expertos en el Perú. Lima: IEP, pp. 347.

Gabriela Merlinsky (comp.) (2016) Cartografías del conflicto ambiental en Argentina 2. Buenos Aires: Fundación CICCUS, pp. 384.

Joaquín Yrivarren (2017). Ruido político y silencio técnico. Un ensayo sobre la discusión socio-ambiental de minas Conga. Lima: Punto Cardinal, pp. 193. 

 

Diego Geng Montoya

Pontificia Universidad Católica del Perú / Programa trAndeS

 

En la Región Andina, las reformas neoliberales de los años noventa produjeron el surgimiento del neoextractivismo, una forma de desarrollo y explotación de la naturaleza en manos de corporaciones transnacionales bajo el amparo, la promoción y la vigilancia técnica del estado. Como consecuencia, los países andinos -los que se encuentran en toda la extensión de la Cordillera de los Andes- presentan conflictos y relaciones contenciosas con las industrias extractivas. En respuesta a esta situación, los estados intentaron desarrollar sistemas de mitigación de impactos ambientales y protección social que, en el papel, buscan redistribuir los beneficios del extractivismo, pero no tuvieron efectos significativos en la reducción de conflictos.

Apoyándose en la ecología política, la sociología ambiental y otros enfoques, investigadores de la región han ampliado la comprensión de los conflictos sociales y las tensiones entre el capital, comunidades locales y el ambiente. Su intención es trascender los análisis economicistas a los que recurren el Estado y las empresas para justificar las desigualdades generadas por el extractivismo.

Presento cuatro textos importantes sobre Argentina (Merlinsky, 2016), Chile (Bustos, Prieto y Barton, 2017), y Perú (Li, 2017; Yrivarren, 2017) que ofrecen explicaciones sobre distintos tipos de conflictos socioambientales resaltando las diversas maneras en las que lo social y ambiental se coproducen en relaciones asimétricas de capital, conocimiento y poder. Dividiré los trabajos en tres partes: la relación naturaleza-sociedad, la producción del territorio y el lugar del conocimiento.

 

Sociedad y naturaleza

Una coincidencia interesante entre los libros es su intención de presentar una genealogía de teorías. Como señalan los autores, el estudio de la relación naturaleza-sociedad está presente en las ciencias sociales desde sus orígenes: en las reflexiones de Marx sobre el lugar de los recursos naturales y el trabajo en la producción de mercancías, o los debates entre Tarde y Durkheim sobre los aspectos constitutivos de lo social.

Con la especialización de las ciencias sociales y la preminencia de los enfoques desarrollistas de la posguerra, lo social se constituyó en un conjunto de interrelaciones humanas que podía explicarse prescindiendo del medio físico. A partir del anuncio de la crisis ambiental en los años sesenta y las limitaciones de las ciencias sociales para comprenderlas, surgen alternativas teóricas y metodológicas para estudiar la relación naturaleza-sociedad.

La ecología cultural, la sociología ambiental y la geografía humana ganaron notoriedad en el estudio de la influencia de la sociedad sobre el ambiente. Posteriormente, desde la ecología política y los estudios de ciencia y tecnología (y, luego, la teoría del actor-red) surgieron propuestas analíticas que buscaban pasar de estudiar los impactos de las actividades humanas en el ambiente a comprender cómo los seres humanos construyen simbólica y materialmente la naturaleza, y la imbricación de las relaciones de poder en ella. Desde estas perspectivas, la naturaleza y la tecnología juegan un papel activo en los procesos de transformación productiva y narrativa del capitalismo.

Los textos aquí presentados buscan entender los conflictos socioambientales y la coproducción de la naturaleza desde estos marcos analíticos, y contribuir a la discusión sobre las transformaciones socio-ecológicas andinas en la era del neoliberalismo.

”Cartografías del conflicto ambiental en Argentina 2” (Merlinsky, 2016) es una compilación de artículos sobre conflictos socioambientales principalmente vinculados a áreas urbanas. En el prólogo, Arturo Escobar ubica los trabajos en los linderos de la sociología ambiental, pero dadas las reflexiones de los artículos sobre la coproducción de la naturaleza y la deconstrucción del conocimiento científico/moderno, considera el texto como un aporte para la ecología política. De hecho, Merlinsky introduce el libro proponiendo entender los conflictos como procesos complejos de mediación simbólica en los que estos aspectos se ponen en juego para interpretar configuraciones socioambientales.

Desde esta perspectiva, las interpretaciones de lo cotidiano y los conflictos son tan disímiles entre sí, que cada actor construye una realidad diferente, aun cuando observen el mismo fenómeno. La diferenciación no solo es de percepciones, sino de lenguajes; lo que impediría a los actores entender las representaciones de la realidad de sus interlocutores. Es por ello que los artículos recurren al análisis de las controversias para establecer los desencadenantes del conflicto y los términos de la negociación.

En ”Ecología política en Chile. Naturaleza, propiedad, conocimiento y poder”, Bustos, Prieto y Barton (2017) presentan artículos sobre la cuestión ambiental en diversos parajes de Chile. En la introducción, los autores proponen un proyecto teórico para construir una ecología política propia. Revisan los orígenes de este enfoque y su relación con la geografía y las ciencias sociales para plantear preguntas sobre construcción (simbólica) y producción (material) de la naturaleza, la función de la propiedad en el aprovechamiento de los recursos, las asimetrías por tipos de conocimiento y las relaciones de poder.

En el prólogo, Tom Perreault afirma que esta apuesta conceptual tiene un correlato en las recientes luchas indígenas del país y su crítica directa a las concepciones del desarrollo. Los textos que forman parte del libro proponen entender los cambios ambientales desde las perspectivas de los actores, como se hace en el libro de Merlinsky, pero visibilizando también procesos “naturales” que influyen en los grupos humanos; por ejemplo, el impacto social del crecimiento poblacional de castores en la Tierra del Fuego chilena (ver el capítulo de Ogden y Holmes).

En ”Desenterrando el conflicto. Empresas mineras, activistas y expertos en el Perú”, Li (2017) analiza dos casos de minería a gran escala en La Oroya y Cajamarca, y las controversias alrededor de sus efectos sobre la salud, las fuentes de agua y la infraestructura local. Desde una mirada etnográfica, la autora observa la disputa por la veracidad y legitimidad de los argumentos de los actores, al igual que la naturaleza misma del lenguaje con los que se discuten estos temas.

La autora propone encontrar la interrelación entre lo simbólico y lo material para comprender los conflictos entre comunidades locales, el Estado y la minería. Expone las colisiones entre las racionalidades técnicas y locales de los actores del conflicto, expresadas en disputas tanto discursivas como materiales; la infraestructura y la contaminación aparecen como la materialización de arreglos institucionales y conflictos.

En ”Ruido político y silencio técnico. Un ensayo sobre la discusión socio-ambiental de minas Conga”, Yrivarren (2017) discute el rol del conocimiento técnico y sus dispositivos en el conflicto por el proyecto minas Conga (Cajamarca, Perú). Aplicando la Teoría del Actor Red y el análisis de controversias de Bruno Latour, Yrivarren desentraña discursos y textos especializados (EIA, informes técnicos y normas) que buscan legitimarse como verdades objetivas. En su exploración, encuentra que la producción del conocimiento técnico y su utilización no es exclusiva del Estado y la empresa minera, sino que también es un recurso de las comunidades y los grupos de activistas en contra del proyecto minero.

El autor critica el supuesto de la ecología política que –según él– propone una comprensión dual de la naturaleza como realidad objetiva, basada en hechos y, por lo tanto, accesible mediante el conocimiento técnico, y como realidad subjetiva, basada en percepciones y asociada a las narrativas de comunidades locales. Así, la propuesta teórica que el autor suscribe descarta que los conflictos socioambientales puedan explicarse exclusivamente por colisiones epistemológicas.

Esta crítica puede aplicarse a los trabajos sobre Argentina y Chile. En ocasiones, estos textos ponen un énfasis excesivo en los antagonismos entre los actores para presentar diferencias diametrales entre las maneras como construyen la realidad y dan cuenta de ella. Sin embargo, la metodología de análisis de las causas, desarrollo y efectos del conflicto que emplean revela que los actores usan términos en común, los cuales les permiten plantear estrategias discursivas y de movilización en las mismas arenas institucionales y políticas de sus rivales.

Cuando estos trabajos se enfocan en el análisis de los conflictos evidencian que las estrategias comunitarias también adoptan conocimientos y discursos técnicos, con los cuales definen el problema del conflicto. Un ejemplo puede encontrarse en el trabajo de Ramírez sobre la industria forestal en Alto Paraná (Merlinsky, 2016), donde las comunidades locales optan por definir el problema central alrededor de las consecuencias que el desmonte tiene en sus actividades cotidianas, antes que definirlo como “ecológico-ambiental”, es decir, de conservación. De igual manera, en el trabajo de Li también hay una reflexión sobre cómo los actores locales reinterpretan la información técnica y la incorporan en narrativas sobre su convivencia con la contaminación, como en el caso de La Oroya. Por ello, puede considerarse que la antinomia que Yrivarren señala como propia de la ecología política funciona como advertencia metodológica, pero su discusión no es ajena a dicho enfoque.

 

Producción y construcción del territorio

En todos los textos, el territorio aparece como un concepto que permite enlazar elementos naturales y sociales (recursos y actores), así como elementos materiales y simbólicos (tecnología y narrativas). Tomando la distinción de construcción y producción de la naturaleza que hacen Bustos et al., el territorio aparece como una construcción simbólica y como un espacio coproducido por fuerzas naturales y sociales (como el extractivismo).

Al presentar estudios de caso con información empírica, los textos de Merlinsky, Bustos et al. y Li exploran las transformaciones humanas sobre entornos naturales en distintos momentos de expansión capitalista. Los análisis propuestos consideran la ampliación histórica de fronteras agrícolas, forestales, minerales o energéticas, así como los cambios tecnológicos y la intensificación productiva actual. Con ello, evidencian los orígenes de entornos ambientales que lecturas centradas en el presente asumen como condiciones “naturales” con las que actores sociales deben lidiar. Al mismo tiempo, revelan las relaciones de dependencia entre ecosistemas y grupos humanos.

Los autores hablan de ensamblajes socio-naturales para referirse al entramado de espacios, ecosistemas, instituciones y actores que interactúan en determinada escala. En el libro de Merlinsky, las prácticas cotidianas dan forma al espacio, establecen sus fronteras y la organización interna de las actividades, y propician el surgimiento de narrativas que legitiman y contestan estos procesos. En el de Bustos et al. y Li, las fronteras se producen en una interacción entre los actores sociales (prácticas y conocimientos) y las respuestas de los ecosistemas.

Los textos también discuten cómo el conocimiento (técnico o no) es desplegado por el Estado, las empresas, los expertos y las comunidades locales para definir la naturaleza, las fronteras del territorio disputado, el problema que origina el conflicto y sus soluciones (técnicas). El texto de Yrivarren ofrece una lectura sistemática sobre esto.

Yrivarren analiza documentos técnicos y discursos sobre la naturaleza en conflicto. A través del análisis de las controversias de estos textos y el rol de la naturaleza en ellos, el autor reconstruye una red de artefactos (dispositivos legales y estudios técnicos) que proporcionan una infraestructura de conocimientos y normas alrededor de las cuales redes de actores sociales despliegan recursos para justificar sus acciones y legitimar sus posturas. Para ello, construyen referencias entre los artefactos (situación de interlocución) para lograr un efecto de veracidad frente al resto de actores. Entonces, la naturaleza y el territorio disputados se construyen al mismo tiempo que se construye la legitimidad de los conocimientos (técnicos) que avalan una u otra posición.

Los procesos de legitimación simbólica aparecen también en las negociaciones cotidianas. Como señalan Román y Barton (Bustos et al., 2017), el mercado y el Estado adoptan y difunden discursos alternativos para volver sostenible la producción (forestal, en este caso). Esta flexibilidad les permite proponer lo que Li llama “equivalencias”, un sistema de conversión de distintas valoraciones culturales sobre la naturaleza y lo social en elementos conmensurables, a través de sistemas universales de valoración que utilizan una métrica común: moneda, estándares ambientales o medidas hidrológicas. De aquí que un cerro pueda ser un apu, un acuífero y un yacimiento de oro al mismo tiempo, y que las respuestas a las controversias por la conservación de un lugar sagrado, el uso del agua o la explotación de la mina puedan llegar a ser incompatibles y generen conflictos.

 

Reflexiones finales

Los trabajos presentados analizan la relación naturaleza-sociedad a través del conflicto, y enfatizan las controversias por la definición de sus causas y las narrativas que le dan sentido: conocimiento técnico, saberes locales o una combinación de ambos. La manera como se desarrollan estas controversias tiene efectos transformadores en la naturaleza y, al ponerlas en el centro de los debates, es posible observar cómo sus elementos se posicionan en el discurso y el territorio como agentes del conflicto.

En general, los textos logran establecer el conflicto como un conjunto de problemas materiales y racionalidades en contienda, aunque -salvo el caso de Yrivarren-tropiezan un poco cuando intentan analizar estas problemáticas como colisiones de cosmovisiones diferentes. No obstante, las metodologías y algunos conceptos utilizados señalan caminos interesantes de análisis.

Otro punto interesante de estos trabajos es el intento por hacer visible la influencia de los ecosistemas y la tecnología sobre los grupos humanos. Hay un esfuerzo por presentar una naturaleza activa, sin la cual no se puede comprender la producción del territorio ni los conflictos por los recursos. La naturaleza cobra vida en la trayectoria de las comunidades, así como en las narrativas que intentan representarla.

Es un acierto de los autores insertar la naturaleza en la historia y en los discursos, pero queda pendiente una mejor caracterización física de lo que se observa si se aspira a plantear un diálogo interdisciplinario. Esto podría hacerse incorporando en el proceso de investigación a actores y conocimientos locales.

Trabajos como los presentados aquí muestran que los estudios sobre naturaleza-sociedad son un campo en expansión en la Región Andina, tanto por las posibilidades conceptuales y metodológicas que ofrece, como por su afinidad con enfoques territoriales y contrahegemónicos propios de América Latina.

 

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