Hochmüller

Deborah T. Levenson (2013)

Adiós Niño: The Gangs of Guatemala City and the Politics of Death

Durham/London: Duke University Press, 183 p.


Reseñado por Markus Hochmüller

Sonderforschungsbereich 700, Freie Universität Berlin


La juventud es la vanguardia de la sociedad —esta posición, que se desvanecía en Guatemala a finales del siglo pasado, hoy día se ha transformado radicalmente en una visión del joven como un significante de las desgracias y los peligros de un país en plena aunque fallida transición democrática. El marero —el miembro de una pandilla juvenil— es muchas veces considerado como el emblema de esta “juventud peligrosa”. Esto es lo que muestra Deborah T. Levenson, profesora asociada de historia de Boston College y destacada experta en el tema de las maras, en su libro Adiós Niño: The Gangs of Guatemala City and the Politics of Death.


Dividido en cinco capítulos, el libro ofrece una narrativa académica coherente y cautivadora sobre el desarrollo de las maras en Guatemala desde los años 80 y el papel que se les está imponiendo en la Guatemala de posguerra. Desde la introducción (1-20) notamos que se trata de un libro que no reproducirá los clichés que homogenizan al marero tatuado que anda merodeando por las calles más oscuras de Centroamérica, que aprovecha el vacío que le ofrece un estado ausente, el cual le sirve para imponer un microrreino de terror en su barrio. Al contrario, la meta del libro es relacionar la historia de las maras con las transformaciones del estado y la sociedad guatemalteca misma en las últimas décadas (4), tomando en cuenta el legado de la guerra civil, el terror estatal, el racismo institucionalizado y la integración de Guatemala al sistema del capitalismo y la “modernidad”. Aún encima, Levenson propone repolitizar el debate sobre las maras, en el sentido de analizarlas como actores con una determinada función política que les otorga el discurso político.


Levenson parte de la tesis de que la necropolítica del estado guatemalteco culmina en la “necrovida”1 de las maras (6); una vida en la cual la muerte es (pre)vista como un componente de la vida diaria. Esta forma de vida interiorizada está estrechamente vinculada con la relación de las maras con su entorno: si antes los jóvenes en general, y las maras en particular, eran considerados una especie de vanguardia que iba a luchar por sus barrios, hoy día predomina la imagen de los mareros que “abusan” de sus comunidades (8); un fenómeno en el cual la autora ve una continuación de la violencia estructural intrínseca del estado guatemalteco.


La autora alcanza entrelazar varios niveles de análisis: su impresionante material, acumulado gracias a extensos estudios de campo, sobre todo entrevistas y observaciones (19), nos permite conocer las vidas, las historias y los destinos de los mareros y relacionarlos con el entorno histórico-político, y nos permite observar continuidades y rupturas tanto en el contexto político como en las vidas de los mareros.


En el primer capítulo (21-52), Levenson introduce el contexto de la violencia estatal y las luchas de la sociedad guatemalteca durante la guerra interna (1960-1996); una violencia que se queda grabada en la “condición guatemalteca”, una violencia que más que ser una mera represión, se dirige más bien a “controlar el ámbito político en su totalidad”2 (26).


Este “barbarismo de estado” que es la “muerte en vida”3 (26) y la militarización de la vida tienen consecuencias: la construcción de una actitud del ejército de defender al pueblo guatemalteco de los enemigos internos, la invención de las maras como los nuevos subversivos y la formación de la base de una violencia que es reproducida en la posguerra tanto por los militares como por las maras. Las migraciones desde los espacios más reñidos a la capital y a los EE.UU. fueron otra consecuencia de las luchas; en Los Ángeles se encuentran los orígenes de las maras más influyentes, la Mara 18 y la Mara Salvatrucha. Muchos de sus miembros fueron deportados por EE.UU. Una vez de vuelta en Guatemala, se reconstituyen en “áreas marginales”4 (43) de la capital.


Es en estas áreas, como aprendemos en el segundo capítulo (53-75), donde las maras se consolidan. Allí se reúnen en búsqueda de protección ante el conflicto social, la marginalidad económica y social agravada por las reformas neoliberales, y la violencia (familiar y estatal), creando su propia “modernidad alternativa diaria”5 (53). Pero en el modelo de estado que se imaginan las élites guatemaltecas, esta modernidad alternativa no tiene espacio y, como consecuencia, está condenada al fracaso. Más bien, las maras reales son apropiadas por el discurso elitista (de los políticos conservadores, las iglesias pentecostales y los militares). Etiquetadas como exclusivamente violentas, drogadictas, y dañinas para la sociedad, estas maras imaginarias6 (56-59) son instrumentalizadas para el proyecto elitista de formación del estado, como veremos más adelante.


Sin embargo, la transformación de las maras como grupos de jóvenes marginalizados y excluidos no solo es imaginada. Levenson evidencia como la propia moralidad de los mareros, que les permite robar a los miembros de la clase alta por necesidad y falta de alternativas (67-73), también se convierte en una forma de vida de extrema violencia, de autoritarismo y de formas de vida hipermasculinas (71-72). En ella nunca disimula la “vida loca” de las maras, y muestra las crueldades y enormes consecuencias de la violencia extrema en la vida diaria tanto de los mareros como de las personas que conviven con ellos en sus barrios, mostradas con ejemplos insistentes en el tercer capítulo (77-104).


El gran mérito de este libro es, empero, mostrar tres factores que tantas veces han sido ignorados en la producción académica sobre el tema, la cual muchas veces resulta superficial y limitada a los estereotipos: primero, el mito oscuro y el discurso que gira en torno a las maras y que es construido por comunidades epistémicas (tanto nacionales como transnacionales), y cómo éste es usado por las élites políticas para construir un clima de temor al “otro”. Este “no ciudadano”7 (105) les permite crear políticas de seguridad a favor de la extensión del control estatal de la población. Segundo, la instrumentalización de las maras por grupos criminales para sus intereses ilícitos. Y tercero, la íntima conexión entre estos dos factores que deja vislumbrar las conexiones entre criminalidad, política y control social en Guatemala. Esta perversa red político-criminal que nuevamente abusa y estigmatiza a la “juventud criminal” es evidenciada en el capítulo cinco (105-128) mediante el análisis de algunos de los casos criminales más complejos y surrealistas de la historia guatemalteca reciente.


El marero se encuentra en un círculo vicioso en el que es un luchador condenado a asesinar y a ser asesinado. Y aunque parezca que luche por “mi barrio” (72), su clika, (tanto en las calles como cada vez más en las cárceles), los mareros son solo los actores secundarios de la historia guatemalteca contemporánea, forzados a existir en un vacío cultural8 , prisioneros del “imaginario de la necrovida”9 (98). Es decir, el marero al final de cuentas es la “víctima de un sistema de tendencias que reprodujeron la guerra sin guerra”10 (104).


Aunque el último capítulo se titule “Open Ending” (129-144), las perspectivas mostradas no dejan mucho lugar al optimismo; el interés de cambiar la situación de los mareros y ofrecerle otras perspectivas a la juventud no es deseado por las élites políticas, económicas y religiosas. Esto resulta, así concluye Levenson, del hecho de que estas son demasiado útiles para el mantenimiento del estatus de las fuerzas políticas y sociales. Parece virtualmente imposible que ellos cambien su situación por cuenta propia, dado que carecen de una subjetividad “rebelde” propia porque “se adhieren a estándares establecidos por la clase dominante guatemalteca, señores del narco, líderes militares y demasiadas otras personas influyentes”11 (129).


Adiós Niño es una contribución importante al debate académico sobre las maras y un aporte al estudio de las maras en toda Centroamérica. Reconstruyendo las vidas de muchos mareros, Levenson da una voz a un grupo excluido del debate público y muestra, por un lado, las luchas y experiencias diarias de los mareros sin emitir un juicio precipitado. Por otro lado, el mérito de Levenson es haber mostrado esta exclusión, su dimensión política y las consecuencias del discurso antimara. Por ende, el libro es una lectura obligada para cualquier estudiante interesado en las maras del istmo, ya que impide caer en las trampas del discurso simplicista y alarmante que tanto domina este campo académico.



1“necroliving”

2 “to control the entire body politic”

3 “death-in-life state barbarism”

4 Cita original del libro (español), énfasis original

5 “alternate everyday modernity”

6 “Real Maras Become Imaginary Ones”

7 “the noncitizen others: the ‘mareros’”

8 “cultural nothingness”

9 “imaginary of necroliving”

10 “becoming a victim of a system of dispositions that reproduced war without war”

11 “they adhere to the standards set by Guatemala’s ruling elites, drug lords, military leaders, and too many other influential people”

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                                                       CROLAR ISSN 2195-3481. We log anonymous usage statistics. Please read the privacy information for details